La historia de esta canción se remonta a una vivencia del compositor Daniel Celedón, quien una noche vio las señas que le hacía una mujer de “la vida alegre”, como incitándolo a que probara cierta parte de ese mundo.

Fueron varias las veces que esto le sucedió, hasta que un día, muy valiente y dispuesto a matar la curiosidad, invitó a unos amigos a ir hasta ese lugar en donde siempre estaban ubicadas este tipo de mujeres mal llamadas de “La vida alegre”. Pero ese día, ya era demasiado tarde, el sitio estaba revuelto, había policías por todos lados y un carro de medicina legal y otro de la fiscalía; las personas que se encontraban en el sector estaban sorprendidas porque un reconocido personaje de la región había sido asesinado, y con él, una de esas mujeres que venden su cuerpo para poder ganar el sustento.

Cuando sacan los cuerpos del lugar donde ocurrió la tragedia, también salía aquella mujer que invitaba a aquel muchacho a matar la curiosidad, pero el inconveniente era que ese muchacho se quedaría con la idea para toda su vida, porque aquella mujer de rasgos “cachacos”, también había sido asesinada con cuatro impactos de bala. Y desde que interpretó el tema, Jorge Oñate aseguró que es un error llamar “mujer de la vida alegre” a quien tiene que vender su cuerpo para poder llevar comida a su casa.