“No me considero cien por ciento humano. Mi persona no coincide con el concepto biológico que se conoce”, aseguró el joven, quien se implantó dos aletas de silicona de 500 gramos a los lados de su cráneo. Este órgano tecnológico, como lo llama Manel, se encuentra conectado a un microchip que le permite experimentar nuevos sentidos entre la piel y el hueso, como percibir la humedad, presión, temperatura y las vibraciones de sonido.
Aparte de definirse como transespecie, el joven se considera “Cyborg”, un ser con capacidades aumentadas que está formado por la unión entre la cibernética y la materia viva. “Al día de hoy el humano vive como en una burbuja antropocentrista, viendo a la naturaleza en una escalera jerárquica vertical en la que el humano está por encima de las otras especies, y para mí este proyecto también significa romper con eso”, expresó Manel en entrevista con Infobae.
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